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F45
Trastornos somatomorfos
Presentación
reiterada de síntomas somáticos acompañados de demandas persistentes
de exploraciones clínicas, a pesar de repetidos resultados
negativos de exploraciones clínicas y de continuas garantías
de los médicos de que los síntomas no tienen una justificación
somática. Aun en los casos en los que realmente estuvieran
presentes trastornos somáticos, éstos no explican la naturaleza
e intensidad de los síntomas, ni el malestar y la preocupación
que manifiesta el enfermo. Incluso cuando el comienzo y la
evolución de los síntomas guarda una estrecha relación con
acontecimientos biográficos desagradables, o con dificultades
o conflictos, el enfermo suele resistirse a los intentos de
someter a discusión la posibilidad de que las molestias tengan
un origen psicológico, lo que puede incluso suceder aun estando
presentes síntomas depresivos y ansiosos evidentes. El grado
de comprensión sobre los síntomas, ya sean somáticos o psicológicos,
es con frecuencia insuficiente y frustrante, tanto para el
enfermo como para el médico.
En
estos trastornos aparecen con frecuencia un comportamiento
de demanda de atención (histriónico), en particular en enfermos
resentidos por su fracaso a la hora de convencer a los médicos
de que su enfermedad es de naturaleza fundamentalmente somática
y de la necesidad de realizar exámenes o exploraciones adicionales.
Excluye:
Trastornos disociativos (F44.-).
Tricotilomanía (F63.3).
Lambdacismo (F80.0).
Ceceo (F80.8).
Onicofagia (F98.8).
Factores psicológicos y del comportamiento en trastornos o
enfermedades clasificados en otro lugar (F54.-).
Disfunciones sexuales no orgánicas (F52.-).
Movimientos estereotipados (F98.4).
Succión del pulgar (F98.8).
Síndrome de Gilíes de la Tourette (F95.2).
Trastornos de tics en la infancia y adolescencia (F95.-).
F45.0
Trastorno de somatización
El
rasgo más destacado de este trastorno es la existencia de
síntomas somáticos múltiples, recurrentes y, con frecuencia,
variables, que por lo general han estado presentes durante
varios años antes de que el enfermo haya sido remitido al
psiquiatra. La mayoría de los enfermos han seguido un largo
y prolongado camino a través de servicios de medicina primaria
y especializados en los que se han llevado a cabo múltiples
exploraciones con resultados negativos o intervenciones infructuosas.
Los síntomas pueden afectar a cualquier parte o sistema corporales,
pero los más frecuentes son molestias gastrointestinales (dolor,
meteorismo, regurgitación, vómitos, náuseas, etc.) y dérmicas
(prurito, quemazón, hormigueo, entumecimiento, comezón, dolorimiento,
enrojecimiento, etc.). Las quejas sexuales y menstruales son
también frecuentes.
En
muchas ocasiones están presentes síntomas depresivos o ansiosos,
tan importantes que pueden justificar un tratamiento específico.
El
curso del trastorno es crónico y fluctuante y suele acompañarse
de interferencias duraderas de la actividad social, interpersonal
y familiar. Se sabe que en algunos países el trastorno es
mucho más frecuente en mujeres que en varones, y por lo general
comienza al principio de la edad adulta.
Como
consecuencia de los frecuentes tratamientos medicamentosos,
suele presentarse dependencia o abuso de fármacos (habitualmente
sedantes y analgésicos).
Pautas
para el diagnóstico
a)
Síntomas somáticos múltiples y variables para los que no
se ha encontrado una adecuada explicación somática que han
persistido al menos durante dos años.
b) La negativa persistente a aceptar las explicaciones
o garantías reiteradas de médicos diferentes de que no existe
una explicación somática para los síntomas.
c) Cierto grado de deterioro del comportamiento social
y familiar, atribuible a la naturaleza de los síntomas y
al comportamiento consecuente.
Incluye:
Trastorno psicosomático múltiple.
Trastorno de quejas múltiples.
F45.1
Trastorno somatomorfo indiferenciado
Esta
categoría debe ser tenida en cuenta cuando las quejas somáticas
sean múltiples, variables y persistentes, pero todavía no
esté presente el cuadro clínico completo y característico
del trastorno de somatización. Por ejemplo, pueden faltar
la forma insistente y dramática de quejarse, los síntomas
pueden ser relativamente escasos o faltar el comportamiento
individual o familiar característicos. Puede o no haber motivos
para sospechar la existencia de un motivo psicológico, pero
no debe existir una base somática que justifique los síntomas
en los que se basa el diagnóstico psiquiátrico.
Si
existe la posibilidad clara de un trastorno somático subyacente,
o si la evaluación psiquiátrica no es completa en el momento
de llevar a cabo la codificación del diagnóstico, debe recurrirse
a otras las categorías diagnósticas.
Incluye:
Trastorno psicosomático indiferenciado
F45.2
Trastorno hipocondriaco
La
característica esencial de este trastorno es la preocupación
persistente de la posibilidad de tener una o más enfermedades
somáticas graves progresivas, puesta de manifiesto por la
presencia de quejas somáticas persistentes o por preocupaciones
persistentes sobre el aspecto físico. Con frecuencia el enfermo
valora sensaciones y fenómenos normales o frecuentes como
excepcionales y molestos, centrando su atención, casi siempre
sólo sobre uno o dos órganos o sistemas del cuerpo. El enfermo
puede referirse por su nombre al trastorno somático o a la
deformidad, pero aun cuando sea así, el grado de convicción
sobre su presencia y el énfasis que se pone sobre un trastorno
u otro suele variar de una consulta a otra. Por lo general,
el enfermo puede tener en cuenta la posibilidad de que puedan
existir otros trastornos somáticos adicionales además de aquel
que él mismo destaca.
Suelen
estar presentes ansiedad y depresión intensas, lo que puede
justificar diagnósticos adicionales. Estos trastornos rara
vez comienzan después de los 50 años y tanto el curso de los
síntomas como el de la incapacidad consecuente son por lo
general crónicos aunque con oscilaciones en su intensidad.
No deben estar presentes ideas delirantes persistentes sobre
la función o la forma del cuerpo. Deben clasificarse aquí
los miedos a la aparición de una o más enfermedades (nosofobia).
Este
síndrome se presenta tanto en varones como en mujeres y no
se acompaña de características familiares especiales (en contraste
con el trastorno de somatización).
Muchos
enfermos, en especial los que padecen las variedades más leves
de la enfermedad, permanecen en el ámbito de la asistencia
primaria o son atendidos por especialistas no psiquiatras.
Frecuentemente se toma a mal el ser referido al psiquiatra,
a menos que se lleve a cabo al comienzo del trastorno y con
una colaboración cuidadosa entre el médico y el psiquiatra.
El grado de incapacidad que deriva del trastorno es variable,
y así mientras que unos enfermos dominan o manipulan a su
familia y a su entorno social a través de sus síntomas, una
minoría mantiene un comportamiento social virtualmente normal.
Pautas
para el diagnóstico
a)
Creencia persistente de la presencia de al menos una enfermedad
somática grave, que subyacen al síntoma o síntomas presentes,
aun cuando cuando exploraciones y exámenes repetidos no
hayan conseguido encontrar una explicación somática adecuada
para los mismos o una preocupación persistente sobre una
deformidad supuesto.
b) Negativa insistente a aceptar las explicaciones
y las garantías reiteradas de médicos diferentes de que
tras los síntomas no se esconde ninguna enfermedad o anormalidad
somática.
Incluye:
Hipocondría.
Neurosis hipocondriaca.
Nosofobia.
Dismorfofobia (no delirante).
Trastorno corporal dismórfico.
F45.3
Disfunción vegetativa somatomorfa
En
este trastorno el enfermo presenta síntomas análogos a los
de un trastorno somático de un sistema u órgano que se encuentra
totalmente o en su mayor parte bajo control e inervación del
sistema nervioso vegetativo, por ejemplo, los sistemas cardiovascular,
gastrointestinal o respiratorio (se incluyen aquí también
algunos aspectos del sistema genitourinario). Los ejemplos
más frecuentes y destacados afectan al sistema cardiovascular
("neurosis cardíaca"), al sistema respiratorio (hiperventilación
e hipo psicógenos) y al sistema gastrointestinal ("neurosis
gástrica" y "diarrea nerviosa"). Por lo general los síntomas
son de dos tipos, ninguno de los cuales sugiere la presencia
de un trastorno somático de los órganos o sistemas afectados.
El primer tipo, en el que se basa principalmente este diagnóstico,
lo forman síntomas que se acompañan de signos objetivos de
hiperactividad vegetativa, tales como palpitaciones, sudoración,
rubor y temblor. Los del segundo tipo son más individuales,
subjetivos y no específicos, tales como sensaciones fugaces
de dolor y malestar, quemazón, pesadez, opresión y sensaciones
de estar hinchado o distendido, que son referidos por el enfermo
a órganos o sistemas específicos (como también pueden serlo
los síntomas vegetativos). El cuadro clínico característico
viene dado por la combinación de una afectación vegetativa
clara, quejas subjetivas no específicas y referencia persistente
a un determinado órgano o sistema como la causa del trastorno.
En
muchos enfermos que padecen este trastorno pueden también
estar presentes factores estresantes psicológicos o dificultades
o problemas inmediatos y en los que puede parecer que hay
una relación con el trastorno, pero existe un número importante
de enfermos en los que esto no es así, y que por lo demás
satisfacen las pautas exigidas para esta categoría.
En
algunos de estos trastornos pueden presentarse algunas alteraciones
poco importantes de funciones fisiológicas, como hipo, flatulencia
e hiperventilación, pero que no llegan a afectar por sí mismas
al funcionamiento fisiológico esencial de cada órgano o sistema.
Pautas
para el diagnóstico
a)
Síntomas persistentes y molestos debidos a una hiperactividad
del sistema nervioso vegetativo, tales como palpitaciones,
sudoración, temblor, rubor, etc.
b) Síntomas subjetivos referidos a un sistema u órgano
específico.
c) Preocupación y malestar acerca de la posibilidad
de padecer una afectación grave (pero frecuentemente no
específica) de un determinado órgano o sistema que no logran
alejar las repetidas explicaciones y garantías dadas por
los médicos.
d) La ausencia de una alteración significativa de
la estructura o función de los órganos o sistemas afectados.
Excluye:
Factores psicológicos y del comportamiento en trastornos o
enfermedades clasificados en otro lugar (F54).
Se
usará un quinto carácter para clasificar los trastornos específicos
en este grupo, indicando el órgano o sistema señalado por
el enfermo como el origen de los síntomas:
F45.30
Del corazón y el sistema cardiovascular
Incluye:
Neurosis cardíaca.
Astenia neurocirculatoria.
Síndrome de Da Costa.
F45.31
Del tracto gastrointestinal alto
Incluye:
Neurosis gástrica.
Aerofagia psicógena.
Hipo psicógeno.
Dispepsia psicógena.
Piloroespasmo psicógeno.
F45.32
Del tracto gastrointestinal bajo
Incluye:
Flatulencia psicógena.
Meteorismo psicógeno.
Colon irritable psicógeno.
Diarreas psicógenas.
F45.33
Del sistema respiratorio
Incluye:
Hiperventilación psicógena.
Tos psicógena.
F45.34
Del sistema urogenital
Incluye:
Disuria psicógena.
Polaquiuria psicógena.
Vejiga nerviosa.
F45.38
Otra disfunción vegetativa somatomorfa
F45.4
Trastorno de dolor somatomorfo persistente
Persistencia
de un dolor intenso y penoso que no puede ser explicado totalmente
por un proceso fisiológico o un trastorno somático. El dolor
se presenta con frecuencia en circunstancias que sugieren
que el dolor está relacionado con conflictos o problemas,
o que da lugar a un aumento significativo del apoyo y la atención
que recibe el enfermo, por parte del médico, de otras personas,
pero no siempre es así.
No
deben incluirse aquí los dolores presumiblemente psicógenos
que aparecen en el curso de trastornos depresivos o de esquizofrenia.
No deben clasificarse aquí los dolores debidos a mecanismos
psicofisiológicos conocidos o inferidos (como el dolor de
tensión muscular o la migraña), en los que aún se presume
un origen psicógeno, que deben codificarse de acuerdo con
F54 (factores psicológicos y del comportamiento en trastornos
o enfermedades clasificados en otro lugar) y un código adicional
de otro capítulo de la CIÉ 10, por ejemplo, migraña (G43.-).
Incluye:
Psicalgia.
Lumbalgia psicógena.
Cefalea psicógena.
Dolor somatomorfo psicógeno.
Excluye:
Dolor sin especificación (R52.-).
Cefalea de tensión (G44.2).
Lumbalgia sin especificación (M54.9).
F45.8
Otros trastornos somatomorfos
En
estos trastornos los síntomas no están mediados por el sistema
nervioso vegetativo y se limitan a sistemas o a partes del
cuerpo específicos, lo que contrasta con la presencia de quejas
frecuentes y cambiantes sobre el origen de los síntomas y
del malestar del trastorno de somatización (F45.0) y del trastorno
somatomorfo indiferenciado (F45.1). No existe lesión tisular.
Se
deben clasificar aquí otros trastornos de la sensibilidad
no debidos a trastornos somáticos, que están estrechamente
relacionados en el tiempo con problemas o acontecimientos
estresantes o que dan lugar a un aumento significativo de
la atención que recibe el enfermo del médico o de otras personas.
Son ejemplos frecuentes la sensación de hinchazón o de "cosas
raras" sobre la piel y las parestesias (hormigueo o entumecimiento).
Se incluyen aquí también trastornos tales como:
a)
"Globo histérico" (una sensación de tener un nudo en
la garganta que causa disfagia) y otras formas de disfagia.
b) Tortícolis psicógeno y otros trastornos y movimientos
espasmódicos psicógenos (excluyendo el síndrome de Gilles
de la Tourette).
c) Prurito psicógeno (pero excluyendo lesiones específicas
de la piel tales como alopecia, dermatitis, eczema o urticaria,
que tengan un origen psicógeno (F54).
d) Dismenorrea psicógena (excluyendo dispareunia
(F52.6) y frigidez (F52.0).
e) Rechinar de dientes.
F45.9
Trastorno somatomorfo sin especificación
Incluye:
Trastorno psicofisiológico sin especificación.
Trastorno psicosomático sin especificación
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